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domingo, 2 de julio de 2017

La sed de Roberto

La sed de Roberto

Eran las dos de la tarde. Roberto no daba mas de la sed. Estaba en Corrientes y Talcahuano. Fue a un kiosco. Eligió un agua saborizada. La puso en el mostrador para que se la cobraran. El encargado el dijo que no podía llevarla. Roberto asombrado le preguntó los motivos y este le dijo que no sabía. Pero tenía orden de no vender esa bebida. Le pareció ridículo. Fue a otro kiosco y obtuvo la misma respuesta. Probó en varios mas sin obtener éxito alguno. Solo en uno le dijeron que mirara en la etiqueta del envase si no había algun número de teléfono e intente llamar allí. Se fijó. Aparecía el de una sucursal con domicilio en el norte del Gran Buenos Aires.

Tras sentarse en un banco que había en  Diagonal Norte intentó comunicarse con ese sitio pero nadie atendía. Hasta que pasados mas de treinta minutos tuvo la suerte de hablar con alguien. Quien le respondió que no sabía nada. Le pasó con un superior. Este le contestó que si bien desconocía las razones aparentemente se trataba de un problema en las botellas. Le dio un número de la empresa dedicada a embotellarlas. Colgó y llamo allí.
Luego de escuchar reiteradamente un disco avisando que estaban todos los operarios ocupados Roberto oyó finalmente una voz. Quien le explicó que eso era imposible. Debido a que a ellos les llegan los diferentes jugos que lo van almacenando en tanques según el sabor y posteriormente se dedican a envasarlos. Volvió a pasale el teléfono de la sucursal donde habló anteriormente. Roberto le hizo saber que ahí le dieron el número de esa empresa. La voz que atendía del otro lado le respondió que no podia hacer nada mas. Que el problema no es de ellos. 

Ya eran mas de las cuatro. Pudo comunicarse de nuevo con esa sucursal después de haber realizado varios intentos fallidos. El que atendió no tenía idea de lo que Roberto le decía y le cortó. Una vez que pudo hablar con otra persona esta le explicó que a lo mejor se trataba de un problema en la planta embotelladora. Roberto enojado levantó la voz argumentando que ya le habían dicho eso. A lo que este último le comentó que quizás era otra cosa que desconocían. Pero le aconsejó que siga probando comprarla en cualquier kiosco porque se la deberían vender si o si. Ante la duda de Roberto sobre sus palabras esta persona llamó a otra. Esta también le explicó que era imposible que se la negaran ya que uno es el que elige y tiene derecho a consumir lo que se le antoje.

Roberto entonces siguió yendo a varios kioscos buscando esa ansiada bebida. En todos sus encargados le respondieron que tienen prohibido venderla. Preguntaba acerca de los motivos. Ninguno sabía con exactitud. Decian que recibían órdenes de la empresa.

Enfadado, tomo su moto y fue a la dirección que figuraba en la etiqueta. Tardó mas de una hora en llegar. Era un enorme galpón que ocupaba casi toda la cuadra. En un rincón había una oficina. Tocó timbre. La puerta se abrió. Una chica que se hallaba en un escritorio frente a una computadora le dijo que tomara asiento y espere. Una vez que la chica se desocupó Roberto le explicó sobre su situación. Esta última no tenía el mínimo conocimiento. Roberto preguntó si no se hallaba nadie mas. A lo que le encargada le contesto que a la noche ella se va y viene el personal de seguridad. Roberto empezó a impacientarse. Le pidió que se calmara. Le dijo que a lo mejor había una falla en la planta embotelladora o la que se ocupa de darle el sabor. Pero que ella no sabía nada. Además de recomendarle que intente llamar nuevamente al numero que figuraba en el envase. Enfurecido. Roberto, tras darle unos insultos, agarró su moto y se fue. No sin antes arrojar una piedra sobre la puerta de aquella oficina. 
Nuevamente en Capital se sentó en plaza Lavalle. Llamó otra vez a esa sucursal. Volvieron a decirle que a lo mejor era algo de la empresa embotelladora. Roberto empezó a gritar que ya le habían dado no se cuantas veces ese argumento. Entonces le pasaron el teléfono de la fábrica dedicada a ponerle los diferentes gustos explicándole que quizás el origen del problema estaba allí. Roberto colgó y se comunicó con ese número. El que atendió le pregunto quien se lo había dado. Roberto le comentó. Éste le dijo que eso era imposible. Tras recomendarle que llame de nuevo a quien se lo dio le cortó.

Sin éxito, Roberto probo ir a varios kioscos para ver si alguno le vendía aquella agua saborizada. La respuesta era siempre la misma. Que lo tenían prohibido por órdenes superiores.
Eran mas de las siete de la tarde. Apoyado en su moto que la tenía estacionada en la calle Uruguay llamó a Defensa del Consumidor. Allí ademas de el nombre, apellido, edad, le preguntaban cosas como numero de DNI, dirección, teléfono, profesión, si vive solo o con alguien mas, en casa, departamento, si alquila o son de su propiedad, si es casado, tiene hijos. Entonces Roberto ante tantas preguntas que no tenían sentido colgó.

Harto de toda esa situación ridícula agarró otra vez su moto para dirigirse a su domicilio. 

6 comentarios:

Verónica O.M. dijo...

Cuántas molestias se ha tomado, pero lo que se dice tomar el agua con sabor nada de nada. Pobrecillo, mejor hubiese comprado otro refresco.
Un abrazo

maria cristina dijo...

Un relato exagerado de lo que a veces sucede cotidianamente con algunos temas, nadie es responsable, un abrazo Gustavo!

María Perlada dijo...

Pues sí que fue dificil conseguir la bebida.

Un placer leerte, Gustavo.

Besos.

Gustavo Yandros dijo...

Hola Vero- Pro se ve que tenia unos antojos barbaros por ese agua saborizada. Otra no jja
Te mando un abrazo

Gustavo Yandros dijo...

Hola Maria Cristina. Si. En realidad iba un poco a eso. Cada cual te dice una cosa. Hace unos años me robaron el celular y para darle de baja luego usar el mismo numero. En una sucursal me decian que eso tenia que hacerlo en la casa central de ese marca. Ahi como yo no podia fue mi hermano. Le dijeron que tenia que llamar a un numero. Tengo un conocido que necesita que le den una medicacion si o si. Para ello necesita unas planillas para que le hagan las recetas. La obra social le dice una cosa, el medico que se dedica a hacer las recetas otra. el laboratorio tiene su version. Cada comienzo de año debe ir de un lado al otro, ver, revisar, llamar hasta que al fin lo consigue hacer. Hace unos años en la casa de mis padres hbo un golpe de tension de luz que les quemo una tele y un radioreloj. Llamaron a defensa del consumidor y les decian que deben ir no se donde con las boletas de compra de esos productos, ademas de mostrar que estan pagas las ultimas facturas de luz en Edesur para que luego de no se cuanto tiempo venga un supervisor a su domicilio para comprobar si realmente es cierto. Mi cuñada tambien o se que problema tuvo con la tarjeta de credito. Ellos le dicen una cosa, el banco otra, que llame a tal lado, que eso depende de la DGI. O
Te dan mil vueltas para nada.
Te mando un abrazo y buen fin de semana

Gustavo Yandros dijo...

Gracias Maria Perlada. Parece que le fue medio dificil de conseguir la bebita. Pero bueno. A lo mejor algun dia tenga mejor suerte jja.
Un gran abrazo